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sábado, 9 de agosto de 2014

APRENDIENDO DE LA NATURALEZA

APRENDIENDO DE LA NATURALEZA:
arquitectura y diseño en la primera era biodigital

Texto publicado en Alberto T. Estévez, “Aprendiendo de la naturaleza”, en ESTÉVEZ, Alberto T. (ed.), 2nd International Conference of Biodigital Architecture & Genetics, ESARQ (UIC), Barcelona, 2014, pp. 8-23.

(En la correspondiente web, www.albertoestevez.com, se puede seguir el estado de la cuestión, desde los proyectos, investigaciones y escritos ahí recogidos, en los distintos apartados de la misma).


Aprendiendo de la naturaleza

Está claro que decir “Aprendiendo de la naturaleza” quiere referirse simbólicamente a “Aprendiendo de todas las cosas” (título de la edición española que con Robert Venturi se acordó para “Learning from Las Vegas”). Si bien puede matizarse la preposición, pues aprender “de” la naturaleza a la vez es también aprender “con” y “en” la naturaleza. E incluso sin preposición alguna, “aprender la naturaleza” misma. Cada cual con sus matices significativos, que no deben ser excluyentes, sino enriquecedores al tomarlos como conjunto interactivo entre si. En la misma línea de lo que se publicó en su momento sobre la arquitectura genética, sobre que ya no se trata hoy en día de construir “en” la naturaleza, sino que se debe construir “con” la naturaleza, y hasta construir la naturaleza misma, igualmente sin preposición alguna.

Pues bien, en el título, se alude así también a que, hace ya más de medio siglo, tras la reivindicación de los valores que tiene la cultura popular (en la que a su vez participó el mencionado libro), ahora estamos -asumida la anterior- en otra fase, en otra era, con otras necesidades planetarias urgentes, y otros conocimientos y posibilidades tecnológicas. Por lo que sigue siendo actual aquel lema secesionista que se escribió en letras de oro: “a cada tiempo su arte”. Si bien siempre hay despistados que por su (¿aún?) limitada cultura se imaginan en la vanguardia, con tópicos o revivals -en realidad- de otros tiempos, que siempre los habrá, sin negar la dicha que estos igualmente procuran.

Sí, las modas, los gustos, las tendencias, vienen y van con el tiempo. Unas más efímeras que otras, pero siempre con la seguridad de que tarde o temprano unas dejarán paso a otras. Cuando paradójicamente llegan denunciando a las establecidas. Aunque sólo sea por que el ser humano necesita sentirse constantemente atraído por algo. A la vez que necesita sentirse atractor, sintiéndose más vivo con ello. Le interesa algo nuevo, lo usa, lo consume, y sigue buscando. Mientras que simultáneamente, él mismo, necesariamente con algo nuevo para otros, le satisface ver que es sujeto de atracción de otros en sus propias búsquedas. Un maravilloso comercio humano subliminal, que nos convierte en la más extraordinaria comunidad en pos de la felicidad personal y colectiva. A pesar de todas sus miserias -reconocidas por que al fin y al cabo hilamos cada vez con mayor sutileza- ser persona humana es lo más valioso de este universo.

De ahí la vigencia de las palabras que corren por Internet atribuidas a Nelson Mandela -aunque al parecer no las dijo- en el discurso como Presidente de Sudáfrica que pronunció en 1994, citando el libro A Return to Love (1992) de Marianne Williamson:

“Nuestro miedo más profundo no es ser incapaces.
Nuestro miedo más profundo es ser poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos a nosotros mismos, ¿quién soy yo para ser brillante, valioso, talentoso, magnífico?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Tú eres un hijo del universo [en el libro original aparece ‘un hijo de Dios’].
Tu juego a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
[‘Todos estamos destinados a brillar, como hacen los niños’]. Nacimos para hacer que se manifestase la gloria del universo [‘de Dios’, pone en el libro] que está dentro de nosotros; no dentro de sólo algunos, sino dentro de cada uno. Y mientras dejamos que nuestra propia luz brille, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.”


Con el sano orgullo que nos desvelan estas palabras, conocernos a nosotros mismos, reconocer lo que realmente somos, es el primer paso de ese “aprender de la naturaleza”, pues somos naturaleza. Y sin duda tenemos ese deber requerido en las frases anteriores, ese compromiso de conmover el corazón sensible de la gente, con nuestro trabajo, dedicación, inteligencia. Tarea que resuena también en esta otra frase de Le Corbusier: “Gaudí era un gran artista; sólo aquellos que conmueven el corazón sensible de los hombres quedan y quedarán.” Y, como -según decía también Le Corbusier- “la arquitectura es el punto de partida del que quiera llevar a la humanidad hacia un porvenir mejor”, pues, ahora ¡más que nunca!, se necesitan arquitectos...

Claro que nosotros, aquí en Barcelona, partimos con ventaja, pues -como a su vez decía Antoni Gaudí- “los habitantes de los países que baña el Mediterráneo sentimos la Belleza con más intensidad”. Así que -sea dicho con simpatía- pocos sitios hay mejores que este para estudiar arquitectura.

La naturaleza, espejo eterno

Volviendo a aquello de las modas, los gustos, las tendencias, que vienen y van, de hecho, nada más haberse pronunciado sus respectivas definiciones empieza su obsolescencia. En el mismo momento en que una de ellas se alza declarando obsoletas las demás, firma su sentencia de muerte. En cambio, se corrobora que la naturaleza deviene espejo eterno para la estética humana, también para sus aspiraciones. La naturaleza nunca queda obsoleta, nunca cansa, edad tras edad, generación tras generación. Siempre ha estado, está y estará ahí, cual perenne libro abierto, libro único e indivisible. La naturaleza es recurso inagotable de inspiración, imitación y/o aprendizaje. Por tanto, la arquitectura biodigital y genética, definida como directamente implicada en su incardinación “con” y “en” la naturaleza, tiene así garantía de “perdurabilidad”. Hasta podría decirse que tiene garantía de “clasicidad”, a la vez que de adecuación a los tiempos. Más cuando las nuevas técnicas abren nuevos campos aún vírgenes. Estamos en un gran momento, épico, heroico. Una época de oportunidades, donde los valientes y audaces se lanzarán hacia lo inexplorado y se convertirán en los pioneros de la era biodigital y genética.


Izqda. Presente: arquitectura biodigital. Alberto T. Estévez, Genetic Architectures Office,
Edificio de alquiler automático de coches, Barcelona, 2012.
Drcha. Futuro: arquitectura genética. Alberto T. Estévez, Isla construida, Garraf, 2009-2010.

Así, cuanto más cerca de la naturaleza estén los procesos de creación arquitectónica, menos obsoleto, más “eterno”, será su resultado. Por escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él con coherencia. Si, al fin y al cabo, a su vez, la naturaleza y el universo entero están escritos en lenguaje matemático, como intuyó Galileo Galilei. Lenguajes siempre vigentes, que rebajan la arbitrariedad de nuestras decisiones al armonizarlas. La ciencia misma, “la filosofía -decía- está escrita en este grandísimo libro (que yo llamo universo), abierto permanentemente ante nuestros ojos, pero no se puede entender si primero no se aprende a entender el lenguaje, y a conocer los caracteres con que está escrito. Y está escrito en lenguaje matemático". Y este nos ofrece control, eficacia y un armonioso rigor que permite excluir al máximo la arbitrariedad.

Sí, a pesar de que las noticias fatalistas -no sin razón- nos tengan una y otra vez el corazón en vilo, estos últimos tiempos son los mejores, cuando -como nunca, aunque no lo parezca- ha crecido el respeto por todas las criaturas y por el entorno en el que vivimos. Ha crecido la necesidad de entender que somos “custodios” de la naturaleza, guardianes del medio ambiente, para evitar que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pues, cada vez que se destruye una especie entera como mínimo se destruye algo irreparable, se destruye una cadena molecular específica y única que se expresa en forma de lo que llamamos vida. Por el contrario, el universo entero se nos aparece como un don y -en efecto- en él descubrimos una auténtica gramática en la que aprendemos no sólo criterios para su uso sino también para su destino. Muy especialmente ahora, con el desarrollo de la genética, que nos abre un increíble nuevo cosmos de posibilidades nunca vistas dentro del cosmos conocido.

En ese contexto, y en palabras de quien no le molesta ser copiado, no podemos entendernos sólo como individuos aislados, pero tampoco es suficiente entendernos como colectividad, como grupo humano. Esto todavía no sería suficiente para poder leer íntegramente el libro de la vida. La vida humana está en relación con el medio en el que se desarrolla y está en relación con los otros seres presentes en ese medio. Pensar que es posible la vida humana con independencia del medio ambiente y de los otros seres vivos podría llegar a ser una “idolatrización” del ser humano. La integridad de la naturaleza se convierte así en el gran reto. Y su coherente desarrollo para asegurar nuestra subsistencia en otro más grande si cabe.

Y es que precisamente por gozar de conciencia e inteligencia hemos de vivir todo ello en una ineludible responsabilidad con respecto a todo el universo. Responsabilidad que no sólo se reduce a defender la tierra, el agua y el aire como dones que pertenecen a todos. También se debe proteger al ser humano contra la destrucción de sí mismo. El planeta entero está gimiendo, podemos sentirlo, casi escucharlo, y está esperando que lo protejamos: de la misma manera que espera el propio ser humano. La solución queda justo en su origen, en la naturaleza y en sus enseñanzas.

Alberto T. Estévez, Green Barcelona Project, 1995-98: creación de un gran parque con cubiertas verdes interconectadas.



Biolearning aplicado a la arquitectura y el diseño

Así es, todo se soluciona desde un aprendizaje (fino) de la naturaleza. Desde todos sus niveles, desde el más “interno” e intramolecular, accesible ya hoy merced a la genética, hasta el más “externo” y superficial, también imitado por el ser humano desde su aparición. Por ejemplo, no es casualidad que el ser humano se sienta atraído por la visión del fuego, de la tierra (las rocas bajo la acción del agua y el aire, los cristales geológicos bajo la acción de procesos físico-químicos), del agua (el mar, las olas) y del aire (las nubes, el humo). Coincidiendo además con las 4 raíces de Empédocles, con los 4 elementos primigenios: en ellos se verifica como sus formas cambiantes quedan configuradas permanentemente por acciones o leyes que afectan a todo el conjunto y a cada una de sus partes por igual. La arquitectura y el diseño que sigue también similares leyes convoca igualmente similar atracción: algo invisible al ojo humano, que “inunda desde dentro” cada célula, toda su apariencia y hasta el último rincón (continuidad), que resuena en todas sus partes y configura el conjunto (concinnitas), y que controla irremediablemente su constante evolución (sistema emergente).

Por otro lado, en el mismo surco de una primigenia imitación de la naturaleza, el término biomimética ha tenido una indudable fortuna crítica en los últimos tiempos. Y aparece por doquier como valor positivo en multitud de áreas. Sin embargo, más pareciera que no es del todo adecuado, ni riguroso en su aplicación, que acaba haciéndose con un sentido demasiado amplio y diverso. Cuando en realidad no se hace una biomimética, una mímesis de la vida, no se copia o imita la naturaleza sin más. Se está utilizando tal término cuando tan sólo se trata de una inspiración formal -lejana a veces- de la naturaleza. Pero es una inspiración, no una imitación. O más propiamente, también se aplica la misma palabra cuando lo que sucede en verdad es una previa observación de algún ser vivo, que lleva a sintetizar alguna característica que pueda ser de interés para su aplicación a los distintos campos, seguido finalmente de su efectiva aplicación, que tampoco es imitativa. No hay pues mímesis alguna sino todo un proceso de aprendizaje, aprendiendo de la naturaleza, madre y maestra que se diría metafóricamente. Lo que se produce debería pues llamarse más propiamente biolearning, distinto de la biomimética, biomimetics (mímesis, imitación, copia de la naturaleza), o de lo que podría calificarse como bioinspirado, bioinspiring.

De hecho, paradójicamente, en sentido estricto, la “naturaleza” en realidad no existe. Se trata tan sólo de una abstracción humana, una simplificación para entenderse. Y si no se fijan bien los parámetros que la definen es cuando se dan malentendidos. Pues simultáneamente unos y otros se refieren a términos y puntos de vista diferentes. De ahí que cuando Louis Sullivan soltó la frase “form follows function” no sabía que los racional funcionalistas del siglo XX la pervertirían hasta convertirla en un falso dogma. Él se refería, maravillado, a cómo las formas visibles en la así llamada naturaleza se adecuan y responden a las funciones que el respectivo ser vivo necesita desplegar.

A algunos con entendimientos más avanzados podría parecerles trasnochado el tema. Pero la verdad es que nos lo seguimos encontrando en el día a día de la crítica y de la enseñanza de la arquitectura, pues estamos en una especie de bucle crítico/profesor-alumno- crítico/profesor-alumno-etc., del que no parece haber solución de continuidad... Entonces, ¿”la forma sigue a la función”? “La forma sigue a la función” pero de infinitas maneras distintas... Desde un protozoo a un tigre, todos tienen la función o necesidad genesiaca de (sobre)vivir, y las secundarias de alimentarse, reproducirse, etc. y así hasta las funciones y posibilidades más específicas o sofisticadas de cada vegetal o animal. Sin embargo, tan sólo hay que mirar un pequeño prado en primavera para darse cuenta de que la/s misma/s funcion/es pueden resolverse desde hace millones de años con mil formas, colores, aromas, sabores y texturas diferentes.



Form follows function? Form follows function, pero, ¡de infinitas maneras!
Imágenes: Alberto T. Estévez, de las series
“Naturalezas vivas”, paisajes y otras carnosidades, realizado con microscopio de barrido electrónico sobre estructuras naturales en su nivel más genesiaco, primigenio y original, Barcelona, 2009-10.
IZQUIERDA:
Anciano de cristal. DERECHA: Gesto de invocación.

Pues de igual manera debe actuar el diseñador y el arquitecto, en el delicado equilibrio en que forma y función se deben alimentar mutuamente para su resolución y uso, reconociendo la “biodiversidad” arquitectónica como un valor, igual que la reconoce en la naturaleza. Si bien, al empezar su tarea debe entender que ha de definir la “especie” y la “raza” que va a configurar hasta llegar a su espécimen final a crear. Pues, lo que está proyectando debe tener características de sistema coherente y armónico desde todos sus puntos de vista. Y en esa incipiente tarea, debe servirle la pregunta de ¿estoy haciendo una gacela, un elefante o un tigre?

Razas de edificios
(“entre comillas y entre paréntesis”)


“Una buena idea es mucho mejor que la destreza”, que decía uno, cuando “una mala idea nunca podrá redimirse con una buena realización”, que exclamaba otro, pues, “de una mala idea no puede salir un buen proyecto”, que concluía un tercero... Y así sucesivamente, todo en boca de personas sabias, respetadas, admiradas... Luego, algo de crédito tendrán esas palabras.

Entonces, llega la primera pregunta: ¿qué idea de edificio o de objeto tienes? ¿Quieres hacer un limonero? ¿Prefieres un lepisma? ¿Una jirafa? Sirva esto para explicarse, a modo de hercúlea labor, cuando -como decía otro más- “la arquitectura no puede enseñarse, sólo puede aprenderse”. O en una variación de lo mismo, “la arquitectura es visión, imposible de enseñar, difícil de aprender”.

Y para acercarse a cómo aplicarlo a la arquitectura y al diseño, lo más tangible de la “idea” de un viviente sería su respectivo ADN (otra vez para entendernos de manera llana): algo invisible al ojo humano, que “inunda desde dentro” cada célula, toda su apariencia y hasta el último rincón (continuidad), que resuena en todas sus partes y configura el conjunto (concinnitas), y que controla irremediablemente su constante evolución (sistema emergente). La mismas condiciones de seducción que lo dicho sobre el fuego, la tierra, el agua y el aire: las mismas condiciones de seducción que la arquitectura y el diseño deben lucir.

Así, llámesele cómo se quiera, el ADN del edificio -casi podría decirse también su alma, o la parte más “honda” de su ser- ha de estar claro en la mente de su creador. E “insuflado” en el proyecto a modo de sistema, hará que crezca solo. Claro que debe ser una idea fuerte, con potencial, o sólo producirá un ser patético y hermético.

A tal diseño arquitectónico únicamente habrá que darle su justa “alimentación”, equilibrada, que llegue hasta el último detalle; y las necesarias “horas de sueño”, de reflexión y reposo; en un clima favorable para su correcta “supervivencia”, ¡qué no es poco! Siempre en pos de la coherencia entre el genotipo y el fenotipo arquitectónico, entre el “motor” interno y conceptual y su armónica ejecución final y constructiva (escrito todo ello con un sentido amplio e ilustrativo).

Además de asegurar que en su tránsito, los educadores -por sus propias limitaciones, obsesiones y frustraciones- y el contexto social, no le torturen, no le conviertan en un ser arquitectónico “mentalmente” torcido, extraño, mutilado. O sea, que por ignorancia -o desidia- no se malbarate una buena idea (difícil de tener y/o identificar, y fácil de fastidiar). Ya que no cualquiera (es algo escaso) es capaz, por mucho que (es algo frecuente) uno se considere a si mismo talentoso: inteligencias menores y rudas sensibilidades, con esfuerzo, sí que pueden mejorar, pero nunca cambiar. Si bien más se “chulea” el joven mediocre (por su engreimiento de juventud, y por el desconocimiento de su propia existencia gris) que el viejo (por haberse podido chequear a si mismo con 10 veces más casos que el joven). Cuando tampoco ayuda la actual falta de intensidad en la adquisición de cultura, o la exposición a las referencias menos eficaces que conlleva más bien el contacto con subculturas, pseudoculturas o, directamente, inculturas.

Un desarrollo desde un germen poderoso, que le dé larga y fecunda vida, llevado con la suficiente libertad, pero con la exacta dosis de disciplina, sería como debe llevarse un proyecto. Como con la sal, o te pasas de salado o te quedas corto de soso. El punto de equilibrio preciso es muy delicado, pues puede convertirse en un “punto de no retorno”: no fallaba Antoni Gaudí cuando decía que por querer ser pretenciosamente demasiado original se pierde la necesaria cualidad de seducción que también un edificio debe mostrar.

Hacia una belleza objetiva (sachliche Schönheit)

En la línea de lo que se comentaba antes, ¿por qué nos gusta mirar las hogueras (fuego), los riscos (tierra), las olas (agua), las nubes (aire)? No nos cansa, nos tranquiliza, nos atrae, todos coincidimos en percibir en ello belleza, una “belleza objetiva”. Además, al moverse nos despierta un interés adictivo. No son formas que nos aburran, por su complejidad, por que cambian (sin movernos nosotros), nos sorprenden incluso. Cuando cada una de las partes responden al todo, por leyes objetivas, por condicionantes físicos y químicos, genéticos en el caso de los seres vivos que necesitan cumplir con funciones concretas. Cuando cada parte se refleja en el conjunto y el conjunto en las partes, existiendo una correspondencia orgánica, organizada, continua, coherente, unitaria. Cuando cada una de esas palabras se convierten en un valor para la arquitectura y el diseño. Siempre todo impulsado, creado, por unas fuerzas comunes externas físico-químicas y/o internas propulsadas por el ADN.

Y cuando los condicionantes son casi pura y exclusivamente genéticos, o por lo menos aún mayoritariamente genéticos, cuando todavía no se reflejan del todo las consecuencias de una concreta alimentación, de hábitos, de climatología, de herencia genética específica y diferenciadora, o de cualquier otro condicionante aleatorio externo, es entonces cuando el carácter emergente de la vida impulsado por el ADN “transparenta” más su propia fuerza: es entonces cuando saltan los calificativos unánimes, espontáneos y populares de “gracioso”, “encantador”, “tierno”, como se da comúnmente ante la visión de cachorros y bebés.

Todo ello fundamenta la “belleza objetiva”, de la que hablaba Antoni Gaudí, cuando algo tiene características que hacen cumplir las definiciones de belleza y que además se coincide en calificarla como tal. Y sin embargo en tiempos de Antoni Gaudí ni existía la genética, y por tanto no sabía de las consecuencias del “ordenador natural” que es el ADN, ni por supuesto disponía de ordenadores digitales que pudiesen organizar un conjunto complejo y unitario, a la vez que pudiesen medirlo con precisión absoluta y controlarlo. Por lo que tuvo que inventarse sus propios ordenadores no digitales: cuerdas catenarias colgando libremente en el espacio, que merced a la estratégica situación de bolsitas con plomo podían simular a escala las cargas reales que el edificio debería soportar, ordenando con ello sus líneas “automáticamente”, “paramétricamente”. Líneas que no decide directa y milimétricamente el autor sino el “ordenador” por él dirigido en configuración de una belleza objetiva, armónica, matemática.

Entonces, la “belleza objetiva” se convierte en “belleza necesaria”, cuando se torna en una necesidad humana y una obligación de servicio del arquitecto y del diseñador a la humanidad. Prestos a crear la arquitectura y el diseño igualmente complejos, que no pueda agotarse con un golpe de vista, ni entenderse en un segundo, donde cada punto de vista sea diferente (al movernos nosotros), que por tanto despierte el interés, a la vez que responda a un todo coherente. Pues, es la naturaleza la que nos enseña el camino de su generación y desarrollo.

Bien expresó aquel otro personaje el ver cara a cara tal deslumbrante belleza al decir que “es como una embriaguez, como una locura que nos invade. El gozo amenaza aniquilarnos, la exuberancia de belleza, asfixiarnos. El que no haya experimentado esto no comprenderá nunca el arte plástico. Al que nunca le han extasiado los caprichosos remolinos de la hierba, la maravillosa dureza de las hojas de cardo, la áspera juventud de los capullos cuando brotan, el que nunca se ha sentido cautivado e impresionado hasta el fondo de su alma por la pujante línea de las raíces de un árbol, la impávida fuerza de la corteza resquebrajada, la esbelta suavidad del tronco de abedul, la infinita quietud del extenso follaje, [el que no haya experimentado esto] no sabe nada de la belleza de las formas.”

Mientras que la misma pasión la expresaba también Antoni Gaudí así, al decir que “capté las más puras y placenteras imágenes de la naturaleza. Esta naturaleza que siempre es mi maestra. (...) El gran libro, siempre abierto y que hay que esforzarse en leer, es el de la naturaleza; los otros libros están sacados de este y deben contar con las equivocaciones e interpretaciones de los hombres. Todo sale del gran libro de la naturaleza (...). Este árbol cercano a mi taller: ¡este es mi maestro!”

Aprendiendo del árbol

Deambulando por tales senderos se llegaría a concretar aquel “aprendiendo de la naturaleza” del título de este escrito en este otro, “aprendiendo del árbol”, como se ve tomó Toyo Ito de Antoni Gaudí al decir en una de sus conferencias en Barcelona:

1. Los árboles generan orden en el proceso de crecer a lo largo del tiempo.
2. Los árboles generan orden por repetición de reglas simples.
3. Los árboles generan orden por medio de relaciones con los que le rodean.
4. Los árboles están abiertos al entorno.
5. Los árboles son sistemas fractales.”

Pues, son los aspectos orgánicos de sus obras los que le han hecho brillar con luz propia: lo orgánico, formal y conceptualmente entendido sin solución de continuidad, como generado por un sistema coherente que resuena en todas las partes del conjunto en sinfonía acordada, que infunde un carácter concreto al edificio, que lo determina como especie, como especial. Es cierta complejidad geométrica y morfogenética, que se percibe como armonía, el ADN del edificio. Este es el aprendizaje que toma Toyo Ito de los árboles, este es el aprendizaje que Antoni Gaudí intuía en los árboles, este es el aprendizaje que impartimos aquí, aprendiendo de las ventajas de la naturaleza para diseñar arquitectura con las ventajas de las herramientas digitales. Evidentemente que esto nos lleva a entendernos dentro del organicismo digital, que declaré como el primer movimiento de vanguardia del siglo XXI ya a principios del mismo.



Condiciones de fractalidad: Alberto T. Estévez, Imágenes de fractalidad.

Y más allá de las intuiciones de Toyo Ito sobre la fractalidad de los árboles, la investigación que realicé a partir del año 2008 con microscopio de barrido electrónico, sobre el primer nivel en que las masas amorfas de células se organizan en estructuras eficientes para resistir esfuerzos -algo bien relevante para la arquitectura- llevó a corroborar, por ejemplo, con bambúes y esponjas marinas, las condiciones de fractalidad con que crecen los seres vivos: cómo la estructura de bambúes y esponjas está formada a su vez por pequeñas estructuras de bambúes y esponjas microscópicas. Condiciones que les convienen también a los edificios. Fractalidad que hoy en día con la tecnología de la impresoras 3D puede llevarse a cabo desde una escala milimétrica, conformando las estructuras -hasta hoy- macizas con pequeñas estructuras microscópicas, donde la ligereza y el ahorro de material es máximo para igual resistencia, además de aumentar su capacidad de aislamiento térmico.


Condiciones de fractalidad: Alberto T. Estévez, Imágenes de fractalidad.
IZQUIERDA: Gente fractal, gente brócoli, 2007. DERECHA: Mi mano, 2011-12

En esta discusión (hacia una creación de estructuras fractales) tiene que ver también la llamada “paradoja del cepillo”, la del “bípedo versus ciempiés”, la del que un pelo suelto no aguanta nada, pero un millón de pelos juntos pueden soportar el peso de un bípedo de gruesas piernas o columnas. La misma paradoja de que una hormiga aumentada sin más a gran tamaño colapsaría. Mientras que miles de hormigas juntas, unas sobre otras, pueden conformar sin problemas ese mismo gran tamaño.




IZQUIERDA: La “paradoja del cepillo”, “bípedo versus ciempiés”
(creación de estructuras fractales).

CENTRO: Alberto T. Estévez - Aref Maksoud, Rascacielos biodigital, frente marítimo de Barcelona, 2008-2009 (derecha, detalles de esponjas marinas caribeñas, 100x, 400x y 3000x aumentos, realizado por Alberto T. Estévez con microscopio de barrido electrónico; izquierda, renders del archivo de scripting 3D mostrando los resultados de las implicaciones de las reglas genéticas y estructurales de esponjas, de la investigación biomicroscópica a las herramientas paramétricas: estructura fractal para impresión 3D).
DERECHA: Típica torre humana catalana.

Esto es algo que el sentido natural constructivo de la tierra natal de Antoni Gaudí conoce bien. Pues, si en realidad existiese un gigante este se deformaría, las torres humanas que levantan como secular tradición popular demuestran como muchos hombres juntos, unos sobre otros, pueden alcanzar un “cuerpo” de mucha altura.


Del biolearning a las herramientas digitales: aplicación de estrategias fractales en la arquitectura. Alberto T. Estévez, Genetic Architectures Office, Antena de telecomunicaciones fractal, energéticamente autosuficiente y purificadora de aire, Santiago de Chile, 2013-14. (8 generaciones, 3.276 barras, ángulos de 60º).

Biolearning... ¡Qué lejos estamos aún de ello!, pues la valoración de la arquitectura y su enseñanza se sigue dando a través de críticos, urbanistas y arquitectos convencionales que no han salido aún del círculo vicioso del racional-funcionalismo y del contextualismo. “Palabra sacra” esta, contexto... Pero, en definitiva, p. ej., ¿no son acaso “contexto” los árboles de las calles, parques y paisajes? Entonces, ¿cómo es que tienen “problemas” si el entendimiento de mi edificio es más cercano a un árbol que a las cajas de alrededor (llamadas bloques de viviendas)?


IZQUIERDA: Puerta anónima extraída aleatoriamente de Internet.
DERECHA: 
Alberto T. Estévez, Genetic Architectures Office, Puerta digital de liquen, Castellón, 2012.

Arbitrariedad, aún...

Nunca está de menos un canto a favor de los términos más “perseguidos” por el establishment mayoritario y monopolizante de la arquitectura: emoción, expresividad, belleza, o, pongamos ahora por caso su presunta “arbitrariedad”. Si bien, rancia es la cuestión de las arbitrariedades formales que hoy se observan en el uso de tecnologías digitales. Llevamos años oyendo tal cantinela, en boca de quien no sabe y que por oculta envidia desprecia, como en la fábula de la zorra que dice ver verdes las uvas que no alcanza.

En este mundo de dominante racional-funcionalista, ignorante y pragmático, donde la falta de cultura activa el dogmatismo para autojustificarse, es loable una voluntad que pretenda reconocer y poner en valor los aspectos subjetivos, “arbitrarios” y no cuantificables que existen en las decisiones de diseño. Sin embargo, la subjetividad, la arbitrariedad y lo no cuantificable en verdad no lo es tanto. Al profundizar en cada decisión tomada, siempre aparecen fuerzas concretas, “cuantificables”, que empujan. Hasta la presunta arbitrariedad más descarada está guiada por la inteligencia emocional del sujeto en su trabajo. Por muy secretas que nos parezcan aún las decisiones del corazón, de la psique, del alma, o llámesele como se quiera, no son más arbitrarias que las de la razón.

Así, quedaría todo en una mera discusión terminológica, por la precipitación del ser humano al comunicarse -y al conocerse a si mismo- sin rigor. Pues, tan arbitraria es una falsa objetividad digital como una falsa objetividad cartesiana de quien escoge una esfera, un tetraedro o un cubo. Y por tanto, tan arbitrario es dejarse llevar por geometrías simples, aunque limiten las arbitrariedades, como igualmente limitarlas dejándose llevar por las ecuaciones matemáticas integradas en el software que sea. En realidad, ambas vías -digital y cartesiana- nos ofrecen la seguridad de limitar nuestras propias aparentes arbitrariedades.

El círculo y la esfera, seguidos del triángulo equilátero, el cuadrado, el tetraedro, el cubo, etc., suponen las figuras más básicas: “puras” se les llama. Gozan de la mínima “arbitrariedad” en su constitución, una única medida los configura. Tan sólo hay que escoger tal medida y las veces que se la quiere repetir. No es posible un menor número de toma de decisiones en geometría, necesaria para representar la arquitectura y el diseño, para luego poder reproducirse a la escala que le convenga de cara a adquirir utilidad. Claro que esta máxima simplicidad, tan rápido como entra a satisfacer las necesidades no físicas del ser humano, tan rápido como entra, tan rápido sale. Se entiende y conoce enseguida, por lo que también aburre pronto a un ser humano que necesita mantener despierto su interés para sentirse más vivo. Como quien apretara de manera sostenida una única nota en una composición musical, es un único círculo o esfera en la arquitectura y el diseño. Así se cumple aquello de que a mayor simplicidad, menor “arbitrariedad”, pero menor durabilidad en la natural curiosidad humana, mayor pérdida de interés en la pieza.

Entonces, cada decisión sumada a la primera, cada subsiguiente acumulada “arbitrariedad” en su elección, gana el resultado en dificultad y también en interés potencial, si -por supuesto- se resolviera con inteligencia y coherencia. Pues, cada decisión ha de implicar su aplicación a todo el conjunto. Y de nuevo entraría aquí aprender de la naturaleza: esta pone la complejidad, nosotros tan sólo hemos de añadirle la contradicción, si así quisiéramos ganar aún más en profundidad e interés, hasta llegar al justo punto de seducción antes mencionado. Y dejar caer unas “gotas” de misterio, una “pizca” de carácter enigmático y/o simbólico, un punto de surrealidad. Siempre con la precaución de no “pasarse de la raya” en ello, que se manifestaría en la pérdida de la necesaria “frescura” y gracia que la arquitectura y el diseño deben sugerir.


Alberto T. Estévez, Bosque crucificado, estructura urbana, 2009-2010.
Investigación genética sobre el control del crecimiento, haciendo crecer células vivas a modo de material arquitectónico y espacio habitable.


Y es que para progresar más y mejor hay que zafarse de las convencionalidades de la escena. Que emergen hasta al tratar de extravagante la organicidad digital, al desafiar la geometría cartesiana. ¿Extravagancia? Ante la organicidad de la naturaleza, millones de años más vieja y eficiente, más extravagante es un cúmulo de cajas cuadradas: para recuperar el norte perdido en la destrucción de nuestro planeta hay que volver al origen, y ese es la naturaleza.



Arriba DERECHA: Edificio anónimo extraído aleatoriamente de Internet.
CENTRO: Alberto T. Estévez, Genetic Architectures Office, Edificio multifuncional, Hard, 2014.

Para ello hubo siempre personajes, ideas y tendencias que matizaron la arquitectura cartesiana, funcionalista y objetiva: desde la humanización de la arquitectura, el expresionismo, el surrealismo, el informalismo, el organicismo, el regionalismo crítico, el contextualismo, etc., hasta el posmodernismo y las tendencias arquitectónicas que le siguieron. O todos los que despertaron directamente y sin paliativos al antifuncionalismo, Friedensreich Hundertwasser, Friedrich Kiesler, Hans Hollein... toda una solapada legión. Sólo hay que seguir con finura el auténtico hilo de la historia, sin dejarse llevar por los tópicos que nos la explican.

¿Bioarquitectura?

Antes de acabar, a modo de epílogo de estas páginas, aún se deben añadir estos párrafos, aunque sea en “letra pequeña”: dónde hay distinción no hay confusión. Pues bien, si a la palabra biología le damos la definición de la ciencia que estudia a los seres vivos, y si el término bio-art identifica el arte que incluye seres vivos, entonces, ¿por qué se ha empezado a llamar bioarquitectura a la que simplemente tiene unas placas solares?, o a la que se construye con tierra, o a la que dibuja las consabidas flechitas azules y rojas de corrientes de aire, o a la que tiene en cuenta materiales renovables, etc., etc., etc.

Seamos rigurosos... El inventarse la bioarquitectura no va a ser menos, y se deberá definir por tanto como la arquitectura que incluye seres vivos. Siendo esto por cierto una muy amplia definición. Pues una sencilla cubierta vegetal ya es un elemento arquitectónico que incluye seres vivos para beneficio de los usuarios.

Pero mientras, este es el último gran equívoco terminológico que se está deslizando de manera sibilina en la arquitectura, y por extensión al resto de campos. Quizá por inocente contagio, por la moda de incluir el término “bio” en cualquier producto, que parece así prestigiarlo, aunque pueda provenir en realidad de una mera estrategia comercial. Cuando más bien para esos casos se debería acompañar la palabra arquitectura de algún derivado de los términos medio ambiente, ecología, sostenibilidad, etc. Todo menos el prefijo “bio”, que debería reservarse de modo exclusivo a lo que realmente integra vida real entre sus elementos arquitectónicos.

Está claro que no es la primera vez que se introducen equívocos en el uso de las palabras por parte de los arquitectos. Hasta respetados profesores y críticos los siguen. Ahí tenemos los ejemplos aún actuales, que parece ya no podrán extirparse nunca, denunciados y explicitados en las páginas 112-114 y 193-196 del libro Al margen: escritos de arquitectura (Abada, Madrid, 2009). Por un lado, la gran confusión entre los arquitectos hispanoparlantes de los términos modernista-moderno / modernismo-modernidad, debido en gran medida a las erróneas traducciones de publicaciones anglosajonas. O por otra parte, la babel entre escultura y arquitectura, proveniente de los prejuicios del racional-funcionalismo. Y hasta el abuso de las palabras minimal y minimalista, frívolamente aplicadas a la arquitectura. (También la palabra “metáfora” se suele repetir demasiado en una aplicación excesivamente laxa, tampoco del todo correcta).

Los que aspiren a cierta seriedad deben ya ponerle coto a esto, y enseñar ¡exigir!, a que se hable con propiedad.

El fin, el principio

Sí, finalmente, resumiendo, ¿qué es primero? ¿Qué es relevante para la arquitectura biodigital y el diseño? ¡Biolearning! Que también conlleva vida (naturaleza), herramientas digitales y formas orgánicas (ver el libro Arquitecturas Genéticas II), técnicas biológicas y digitales (ver el libro Arquitecturas Genéticas III), genética, computación...

Y ¿cómo llamar a la arquitectura con (bio)elementos vivos?: arquitectura viva, bioarquitectura, arquitectura natural. Pero (bio)elementos vivos que definen y/o están también en el concepto mismo o en la idea arquitectónica, y esto incluye su estructura, espacio y piel. E igualmente lo mismo al otro lado del espejo, en el reino digital. Elementos que ayuden a obtener mejores condiciones, condiciones físicas, condiciones metafísicas, mejor uso y/o condiciones de confort, más eficiencia (¡sostenibilidad!), aplicación de criaturas vivas naturales y/o criaturas vivas digitales para un mejor uso arquitectónico, como por ejemplo cubiertas y fachadas verdes (arquitectura viva), y/o cubiertas y fachadas robotizadas (arquitectura responsiva), esta siempre concebida, diseñada y fabricada digitalmente.

También en un nuevo entendimiento contemporáneo de naturaleza, de ecología, de paisaje: no un entendimiento conservacionista de naturaleza, de ecología, de paisaje (ver el Manifiesto de la bioplasticidad). Cuando ya no se trata de entender la arquitectura como objetos arquitectónicos “en el paisaje”, sino cuando la arquitectura “es paisaje”, ¡y hasta naturaleza!: cuando la arquitectura “es” naturaleza. (Consiguiendo para la arquitectura la fusión y disolución contemporánea del fondo y la figura, como antes hizo el arte).

Al final, las respuestas a las cuestiones que de manera fehaciente la arquitectura y el diseño debieran resolver ¡para la supervivencia planetaria!, pasaría por hacer que emergieran sin solución de continuidad “en”, “con” y “de” la naturaleza, hasta que por fin la arquitectura genética fuese ya sólo naturaleza. Primero fue con técnicas artesanales, más bien de jardinero, como desde Babilonia. Ahora sería con técnicas biológicas y digitales. Y en el futuro con técnicas puramente genéticas, donde habría que alcanzar una definitiva, perfecta y total fluidez entre naturaleza y arquitectura.

Alberto T. Estévez 

jueves, 7 de agosto de 2014

La humanidad tiene la responsabilidad de tener futuro

Publicado en ESTÉVEZ, Alberto T., “La humanidad tiene la responsabilidad de tener futuro”, en AA.VV., CORTINA, Albert - SERRA, Miquel-Àngel (eds.), ¿HUMANOS O POSTHUMANOS? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano, Fragmenta Editorial, S.L., Barcelona, 2014, pp. 36-37.


Sólo garantizando el futuro de nuestro planeta garantizamos nuestro propio futuro. Así, no es casualidad que en este momento en que nuestra propia supervivencia planetaria empieza a estar amenazada haya aparecido la genética, y la podamos convocar como herramienta de salvación. Para ello, en nuestro triplete de investigación-docencia-profesión trabajamos desde la (gen)ética, sí, desde la responsabilidad, también, pero sin olvidar que “la humanidad tiene la responsabilidad de tener futuro” (It’s not enough! Manifesto, Nueva York, otoño 2010), para el cual debemos ya urgir “una visión no conservacionista de la naturaleza”: ella misma, y el ser humano en primera instancia, necesitan superar tal visión para sobrevivir. Pues es la plasticidad la característica más propia de la naturaleza. Hasta el punto de que sería obrar contra natura querer “congelar” la vida en cada una de sus siempre cambiantes apariencias ya conocidas. No es lo más propio suyo una exótica colección de especies diversas, sino la fluidez con que se presenta siempre bajo facetas diversas. Y el ser humano es su vector más potente. “¡Haz que fluya!” (Manifiesto de la Bioplasticidad, Barcelona, primavera 2010).
CONCRETANDO SOBRE LA ARQUITECTURA GENÉTICA

Texto de Alberto T. Estévez, Concretando sobre la arquitectura genética, texto inédito, archivo Alberto T. Estévez, Barcelona, 2014, recogido en la tesis de Máster de Anelise Ventura, Sao Paulo, 2014.

Definida la arquitectura genética como aquella arquitectura en la que se le aplica la genética, debe entenderse desde dos aproximaciones diferentes, debe verse desde dos puntos de vista básicos:

- Arquitectura genética biológica, aquella creada y/o implementada con técnicas biológicas y genéticas reales, que, mientras los arquitectos aún no las dominen, deberá ser realizada por arquitectos y genetistas juntos.

- Arquitectura genética digital, aquella creada y/o implementada con técnicas digitales, realizada por arquitectos con conocimientos del mundo digital y/o en colaboración con programadores y especialistas. Esta será “genética” en la medida en que la aplicación de la genética es metafórica, y por similitud de definiciones y procesos.

1. Las similitudes entre los procesos (proyectuales) de la que podría llamarse arquitectura genética digital y la genética quedan enraizados en sus propias definiciones. 

En la genética se estudia de manera primordial los genes. Estos están formados de ADN, que controla la estructura y el funcionamiento de cada célula, y por tanto del entero ser vivo. Y el ADN está compuesto por cadenas de adenina (A), timina (T), citosina (C) y guanina (G). El exacto orden y/o cambio de orden de todas las piezas del ADN determinará el código genético de cada uno, es decir, la información genética, las instrucciones necesarias para la emergencia de la vida y para su desarrollo, en la manera específica marcada desde tal ADN: son “las órdenes del orden” de cada ser vivo.

A su vez, en los procesos proyectuales de la mencionada arquitectura genética digital participan por definición herramientas digitales que dotan al proyecto de un “ADN digital” que igualmente controla la estructura y el posterior funcionamiento de todo el edificio. Y el “ADN digital” está compuesto en última instancia de cadenas de ceros y unos, agrupados en “genes digitales”, secuencias, algoritmos. El exacto orden y/o cambio de orden de esos “genes digitales”, de esos ceros y unos del “ADN digital”, determinará el código genético de cada uno, es decir, la información genética, las instrucciones necesarias para la emergencia del edificio de arquitectura genética digital y para su desarrollo proyectual, en la manera específica marcada desde tal “ADN digital”: son “las órdenes del orden” de cada ser arquitectónico.

Una ordenación molecular concreta y no otra tiene como consecuencia lo que se define como emergencia de vida. Una ordenación digital y no otra tiene como consecuencia la “emergencia” automatizada de dibujos e imágenes en una impresora 2D, o de formas y piezas en una impresora 3D, en una máquina de control numérico, en una cortadora láser.

Le Corbusier publicó en 1935 que “todo es arquitectura”. Aunque curiosamente esta frase pasase desapercibida. Y en cambio la hiciese famosa Hans Hollein como suya propia 33 años después. (Un par de años antes de que pasasen otros 33, publiqué yo mismo un reconocimiento de retorno a Le Corbusier como su legítimo autor). Ahora, en la era digital, cuando todo proyecto de arquitectura puede digitalizarse, cobra sentido para los arquitectos aquella otra frase de “todo es número”, y la de “todo es matemáticas”, y aquella otra de “todo es algoritmo”, a las que puede añadirse una más para la futura era genética: “todo es código”...

2. En realidad no sería necesario que un arquitecto tenga conocimientos básicos de biología para acercarse a la arquitectura genética asistida por ordenador, aunque pueda asociarse metafóricamente a la genética, y por ella a la biología. Esto es por que –propiciada por las correspondientes herramientas digitales- la arquitectura genética asistida por ordenador tiene su sentido por si misma, tiene su propia lógica y procesos, con independencia de si se sabe asociada metafóricamente a la genética (y a la biología) o no.

Claro que conocido tal paralelismo, este puede ayudar a entender mejor las cosas, puede ayudar a abrir más el horizonte, y sobre todo puede establecer sinergias que puedan hacer llegar más lejos las ideas, los desarrollos, los resultados.

En definitiva, sobre todo para seguir caminos de coherencia y rigor, el que un arquitecto tuviese algunos conocimientos básicos de biología sería una ayuda pero no sería imprescindible.

3. Los que podrían llamarse “algoritmos genéticos” deben ser considerados NO exactamente un método de proceso de proyecto de arquitectura genética digital. Pues, cualquier método proyectual podría incluir “algoritmos genéticos” sin ser propiamente estos “el método”.

Con mayor precisión, debería decirse que los “algoritmos genéticos” pueden usarse en métodos proyectuales de arquitectura genética digital. Pero ellos mismos no son exactamente “método”. El método en todo caso contiene el cómo usar “algoritmos genéticos”.

Es decir, dentro de un método proyectual pueden usarse “algoritmos genéticos”, aunque –según se ha comentado- estos por si mismos no son “el método”. Cualquiera puede inventarse su propio método proyectual que contenga o no algoritmos genéticos. Y puede haber tantos métodos proyectuales como arquitectos. De la misma manera que –siempre que eso fuera posible- cualquier método –incluya o no “algoritmos genéticos”- que tenga como objetivo la creación de arquitectura genética digital, según la definición rigurosa de tal arquitectura, puede ser considerado un método de proceso de proyecto de arquitectura genética digital.

4. Puede ser pertinente decir que un algoritmo genético contribuye significativamente al análisis del ciclo de vida de un edificio, si se “construye” uno que sea capaz de ello. Especialmente si trata de simular tal ciclo de vida de un edificio. De la misma manera que el exacto conocimiento de determinados genes y/o secuencias génicas pudiesen explicar el ciclo de vida de un ser vivo.

5. En la línea de lo antes comentado, haciendo una analogía, puede decirse que la arquitectura digitalmente proyectada posee un “ADN digital”, un “ADN artificial”. Así, la que tenga en cuenta esto, podría llamársele arquitectura genética. Pues, la arquitectura digitalmente proyectada al fin y al cabo se propicia por conformarse de cadenas y secuencias de ceros y unos, cuyo exacto orden configura y contiene la información necesaria y las instrucciones para el desarrollo gráfico y control del proyecto, también en su fabricación real. 

De la misma manera como los seres vivos disponen del ADN, que no es más que cadenas y secuencias de las bases A, T, C y G, cuyo exacto orden configura y contiene la información necesaria y las instrucciones para el desarrollo celular y control del ser vivo que sea. Por ello al ADN también se le podría llamar “software biológico” o “software natural”

6. De nuevo según lo dicho, entonces, cualquier hardware y software capaz de propiciar cualquier cadena y secuencia de ceros y unos que sea capaz de controlar la creación y desarrollo de un edificio, como el respectivo ADN biológico natural hace en cada ser vivo, puede decirse que es su propio “ADN digital”.

Y hoy en día, con los medios digitales ya existentes, esto sería aplicable en realidad a todo proyecto de arquitectura si así se quisiera. Simplemente hay que distinguir que, aunque a todo se le llame arquitectura, la hay de mayor y menor calidad, la hay que ha necesitado más inteligencia que otra, para su creación y desarrollo, que para proyectarla se ha necesitado “quemar” más neuronas que otra.

Pues a pesar de que uno prefiera referirse a otro tipo de arquitectura, no puede evitarse que se defina la arquitectura genética digital en toda su extensión. Ya que hasta para un simple cubo o hasta para la caja más tonta puede construírsele el “ADN digital” que le corresponda, incluyéndose en él su propia fabricación digital. Sea un ser unicelular o un tigre, ambos son igualmente posible objeto de estudio de la biología y de la genética. Igualmente pasaría en lo que podría llegar a llamarse arquitectura genética digital.

7. La aplicación de medios digitales (hardware y software) en el proceso del proyecto de arquitectura es suficiente para crear simultáneamente complejidades y performances consideradas inseparables en un proceso proyectual de arquitectura como son estructuras, espacios, cerramientos y la percepción estética que ante todo ello despierta en el ser humano, así como la iluminación y energías necesarias o pretendidas: evidentemente, o utilizando los programas adecuados para cada cuestión dentro de todo ello (no hay más que copiar el listado de programas informáticos existentes, ordenados por las funcionalidades que ofrecen), o creando uno integral para el caso que sea.

8. La simultaneidad de los análisis evolutivos durante un proceso de proyecto sólo son alusión cierta a procesos biológicos evolutivos si tal alusión está en la voluntad del propio autor del correspondiente proyecto, o por lo menos si tal alusión estaba en sus primigenias intenciones proyectuales. Pues cualquier proyecto puede realizarse totalmente en abstracto, con sentido por si mismo, inmanente, sin referencia alguna ni alusión a nada relativo a la biología. Aunque nadie podrá librarse de que otros sí añadan a posteriori a sus proyectos –aunque no lo quisieran sus autores- alusiones, referencias, analogías con procesos biológicos evolutivos, ya que la posibilidad de tal alusión es un hecho, con independencia de la intención con que se ha cursado el proyecto.

9. De nuevo, en la línea de lo antes comentado, como para desarrollar un proceso de proyecto de arquitectura genética digital es posible cualquier paso básico inicial o cualquier metodología inicial básica, tan sólo hay que garantizar que en algún momento se va a configurar el proyecto con su propio “código genético”, con su singular orden de ceros y unos que definan su “ADN digital”, único, si bien cabe una aplicación desde mínima (unicelular) hasta de enorme complejidad y vasta extensión. Así, por tanto, cuánta más inteligencia se haya puesto en la creación de su respectivo “ADN digital” más “inteligente” será el ser arquitectónico creado, más posibilidades y funciones podrá ofrecer y/o desarrollar.

Es decir, hay que hacer notar los distintos “niveles” de arquitectura genética digital que pueden alcanzarse, en función del “código genético” preparado. Desde el más sencillo al más complejo que integre la autoorganización ya desde su propio dibujo, desde su propio diseño, hasta su autoconstrucción robotizada, e incluso su autorreplicación en su propia fabricación, que estaría entre los grados más altos de arquitectura genética digital.

10. Si bien yo mismo lo he hecho en diversas ocasiones, un proyecto de arquitectura genética digital no tiene por qué ir siempre acompañado de una investigación microscópica de las estructuras biológicas. Esto queda a elección del autor respectivo, que puede actuar con total independencia, en abstracto, o basado en otras muchas cosas, como puede ser en este caso investigaciones microscópicas de formaciones estructurales biológicas. Si bien ni siquiera tiene que ser arquitectura genética la que tenga en cuenta investigaciones microscópicas de formaciones estructurales biológicas.

Por mi parte, tomado de numerosos seres vivos muy diversos, quise investigar con microscopio de barrido electrónico el primer momento o nivel más genesíaco, más primigenio y original en que las masas de células amorfas empiezan a organizarse para atender mejor las solicitaciones de cargas tanto internas (de peso propio) como externas (gravedad u otras fuerzas físicas externas que puedan afectar al ser vivo en cuestión). Pues me parece que tal momento o nivel es relevante para la arquitectura y su eficiencia, su economía y sostenibilidad. Estas investigaciones las fui aplicando a diversos proyectos. Y una de ellas fue en efecto la de las esponjas de mar, que derivó en el Biodigital Skyscraper del frente marítimo de Barcelona.

11. Algunas de mis investigaciones y procesos de proyecto de arquitectura genética, digitalmente asistida, se inicia extrayendo las reglas genéticas y los parámetros estructurales de microestructuras biológicas. Este trabajo inicial lo hago como arquitecto, sin necesidad de profesionales o investigadores de otras disciplinas, pero también por mi personal especialización en torno a la biología, que no es habitual entre arquitectos, por lo que según los perfiles de cada uno serán más o menos necesarios profesionales o investigadores de otras disciplinas.

Por ejemplo, la investigación con microscopio de barrido electrónico de las estructuras de polen y de radiolarios me llevó a diversos proyectos. O nuestro último proyecto (un edificio multifuncional en Hard, Austria, 2014) tomó como punto de partida el estudio de las estructuras de las alas de libélula. Estas te muestran reglas genéticas y parámetros estructurales que trasladadas al trabajo con medios digitales parten de geometrías precisas, pero aprendiendo muchas sutilezas de soluciones, variaciones, excepciones, encuentros, grosores, colores, etc., que el mundo digital no ofrece en primera instancia, sino que sólo pueden descubrirse en los seres vivos. O el penúltimo proyecto (un edificio torre-antena en Santiago, Chile, 2013-2014) tomó como punto de partida el estudio de las estructuras fractales, etc.

12. La arquitectura genética, evidentemente, posibilita en la actualidad un mayor campo de innovaciones proyectuales en relación a los métodos tradicionales de proyectar. Para empezar por que los métodos tradicionales ya llevan siglos de exploración y agotamiento, mientras que la arquitectura genética apenas acaba de nacer, y presenta un campo inexplorado -diríase infinito- en posibilidades de innovación: hoy en día prácticamente cada paso en la arquitectura genética es innovador.

13. La arquitectura genética digital puede contribuir al pensar ecológico, social, cultural y ambiental, o no tanto, dependiendo de los enfoques por los que se opte, de las opciones que se tomen. En principio podría decirse que son aspectos en parte ligados entre si: las necesidades sociales de nuestros tiempos pasan por las consideraciones ecológicas y ambientales. Así, contribuir al pensar ecológico y ambiental es contribuir al pensar social. Y en la arquitectura genética digital se parte de la ventaja de poder contar con un mayor control, precisión, eficiencia y economía que los medios digitales y la automatización proporcionan, por lo que todo ello redunda en el pensar ecológico y ambiental. Por otro lado, el hecho de ser una arquitectura novedosa e innovadora la convierte también en especial contribuidora al pensar cultural.

14. La arquitectura genética digital puede estar directamente ligada al estudio de los materiales si así se desea, sobre todo desde el aspecto de las posibilidades que estos ofrecen al aplicarse en ellos las técnicas de fabricación digital. Y esto en ambas direcciones: por explorar de qué manera se puede trabajar con los materiales existentes, pero también por explorar cómo preparar qué tipo de nuevos materiales para adecuarse mejor a las posibilidades de las actuales máquinas de producción.

15. Es bien conocido el efecto devastador que el desarrollo de los seres humanos está teniendo sobre el planeta, hasta el punto de que sus efectos ya son irreversibles. Para atenuarlo, y hasta para que nuestros descendientes puedan sobrevivir, para que este mundo tenga un futuro, para darle la vuelta a la voraz evolución que el desarrollismo está teniendo, debe considerarse que nuestro actuar ha de multiplicar los elementos naturales en vez de gastarlos. Ya no es suficiente sólo una mentalidad conservacionista. Hay que ir más allá. Por tanto, cada una de nuestras acciones deben propiciar la creación de tales elementos naturales. Así, ya no es sólo una cuestión de arquitectura genética sino de cualquier entendimiento de arquitectura que se tenga hoy en día, que debería integrarse en un proyectar ecológico-medioambiental. Sólo que la arquitectura genética permite un acercamiento mucho más potente y radical para tal proyectar ecológico-medioambiental, desde el momento en que en último término busca que todo se constituya o parta de seres vivos, que sean estos los que configuren lo necesario para el hábitat humano.

De hecho, cuando empecé a hablar el año 2000 del “nuevo proyectar ecológico-medioambiental” fue por todos aquellos que a finales de los años 90 proponían una especial visión de la arquitectura –no genética- constituida con elementos naturales de manera no convencional (Adriaan Geuze, Duncan Lewis, François Roche). Si bien ya cabía pensar en las ventajas que la genética proporcionaría a esos elementos naturales para su mejor adecuación a las necesidades arquitectónicas, que fue lo que comencé a investigar ese mismo año.

16. Por definición, la mayoría de las finalidades de la arquitectura incluye entre sus parámetros tener en consideración al usuario en sus distintos requerimientos. Por tanto no es distinto en el caso de la arquitectura genética digital. Considerar que una más grande libertad formal va en detrimento de la funcionalidad y del buen uso de la arquitectura es ceder ciegamente a los interesados prejuicios que han querido sembrar y alentar los movimientos del racional-funcionalismo, del realismo, del pragmatismo, y todos los que durante decenios han seguido literalmente la Neue Sachlichkeit, aunque ni siquiera se den cuenta de ello, pues el mundo entero está impregnado como por ósmosis de ello. 

Más bien al contrario, dominada la escena arquitectónica por los mencionados movimientos, hay que echarles en cara que han puesto muy poco esfuerzo en el aspecto formal de sus obras, devastando ciudades enteras que han quedado sin espíritu, sin gracia, sin tener en consideración al usuario que también está necesitado de que la arquitectura le resuelva sus necesidades anímicas, psíquicas, metafísicas, que son necesidades igual de reales –pero más graves aún si cabe- que las físicas. Cuando además ni siquiera se puede decir que tales obras funcionen a la perfección, sino que por todos sus rincones pueden encontrarse disfuncionalidades.

Por su voluntad integradora con la expresividad y la plasticidad, la frase mendelsohniana de “la función y la dinámica, he ahí el reto” sigue siendo igual de válida para el arquitecto “completo” de hoy, que quiera asumir el desafío de crear una arquitectura que realmente tenga en consideración TODAS las necesidades del usuario. Y para ello la arquitectura genética digital parte con ventaja.

17. Ciertamente, trabajar desde un proceso digital, generativo y paramétrico de proyecto permite la emergencia de formas variadas e inesperadas. Si su creador sabe y quiere siempre tendrá cualidades atractivas de espacio, facilitado por la armonía natural e intrínseca que se deriva de trabajar con unas mismas ecuaciones matemáticas que rigen el software que sea, y sus respectivos comandos y posibilidades gráficas y de diseño.

18. La arquitectura genética digital, entendida también desde un punto de vista de aplicación metafórica y artificial (no biológico-natural) de la genética, puede diseñarse como un sistema dinámico (o no), al introducir (o no) en su “código genético” -en la cadena de información digital que la regirá- los parámetros que conlleven la debida evolución en el tiempo que le es propia a un sistema dinámico. De la misma manera que pueden introducirse (o no) los elementos que hagan de ella un sistema responsivo, tan de moda hoy en día, aunque la idea tiene ejemplos de ya como dos décadas de antigüedad: el tiempo que las ideas de vanguardia tardan en llegar al gran público. Está claro que proyectar todo esto con seriedad requiere una mayor sofisticación.

19. Entonces, tal como se ha comentado, la arquitectura genética digital puede plantearse o no como dinámica, y puede diseñarse de manera que evolucione como un ser vivo o no. Todo depende de lo que se quiera prever, dejándola como construida, acabada, consolidada, una vez ejecutado su correspondiente proyecto, o no, quedando por el contrario como sistema abierto, limitado en el tiempo o tampoco, según los recursos conceptuales y/o mecánicos con que se le quiera ir dotando.

Para el caso de la arquitectura genética biológica, naturalmente, por partir de que se trata de seres vivos reales, sólo puede tratarse de una arquitectura que emerge, que se auto-organiza y crece por si misma al nivel que se desee o que se logre, impulsada por el “motor interno genético” que supone su propio ADN. Y es precisamente en su carácter emergente y autoreplicante donde radica una de sus mayores ventajas.

Por ejemplo, el Pabellón Genético de Barcelona (2007) o los ejemplos de Biowall system (2008-2010) trataban de que células carnosas se desarrollasen y se multiplicasen para crear un espacio para el uso humano. O la Sporopollenin house (2008-2010) buscaba a su vez crear estructura y espacio mediante el crecimiento de esporopolenina producido por células vivas. Así como el Biodigital Skyscraper (2008) integraba en sus cerramientos celosías de esponjas de mar, etc.

20. Los elementos esenciales para montar un laboratorio de investigación de arquitectura genética son los elementos que ya tenemos en nuestros laboratorios, a saber:

- Un laboratorio de arquitectura genética biológica necesita disponer de genetistas que sepan o aprendan las técnicas genéticas requeridas para cada caso u objetivo. Y necesita tener el aparataje necesario para trabajar con genes, también dependiendo de los objetivos fijados o por fijar.

- Un laboratorio de arquitectura genética digital necesita disponer de arquitectos que sepan o aprendan las técnicas digitales requeridas para cada caso u objetivo. Y necesita tener el aparataje necesario para trabajar con software de diseño gráfico, generativo y paramétrico, y lo necesario para la fabricación digital si fuera el caso.

Alberto T. Estévez